Progresa Adecuadamente
- Ismael K.G.

- Sep 22, 2020
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Fue mi cumpleaños hace poco. Siempre pienso más sobre mi lugar en el mundo en septiembre. Más que mi lugar en el mundo, mi lugar en el tiempo; mi estado con respecto a aquello que no conseguimos entender demasiado bien, esa cosa que es el efímero y cuya naturaleza es tan obtusa que nos conformamos con confabulaciones sobre él. Creamos historias que impregnan la conciencia colectiva y se convierten en normas según las cuales debemos adaptar nuestras acciones, sus motivaciones y nuestras personalidades.
De pequeños somos juguetones y ruidosos. En la adolescencia somos rebeldes. Luego nos hacemos tanto estudiosos como fiesteros. Más tarde, nos asentamos, compramos una casa, creamos una familia. Trabajamos, nos hacemos mayores y nos jubilamos. Nos volvemos incoherentes y caros de mantener y morimos. Ese es el objetivo con respecto al cual transcurren nuestras vidas; esa es la regla a la cual nos debemos resignar para ser normales.
Evidentemente, la regla es más compleja; hay una infinitud de aspectos con los que conformarnos. Cómo nos vestimos, cómo hablamos y escribimos, qué comemos, a qué profesión nos dedicamos (y que sea una), qué aficiones tenemos, cuántas veces salimos por semana, cuánto dinero tenemos, cuánto dinero gastamos, nuestro género, nuestra compañía, el color de nuestras uñas, nuestra forma de andar, nuestra estatura, el color de nuestra piel.
Cada ítem tiene valores normales impuestos por la regla generada por una sociedad que quiere comprender y situar a los demás en el tiempo, para determinar si progresan adecuadamente. Las desviaciones producen desconfianza, incertidumbre, confusión. Se manifiestan en los que se despiertan pronto, los que se levantan tarde, los que hacen mucho ejercicio, los que comen mal, los que están siempre de viaje, los que trabajan demasiado, los que no pagan sus impuestos, los que sí.
Desviarse de la regla es a la vez romper con la rigidez exigida por la sociedad, y crear un camino propio con reglas y leyes propias de mayor o menor rigidez. Desviarse de la regla es actuar conforme nos dirigen nuestras propias emociones, nuestros propios deseos, nuestro propio raciocinio, nuestro alma.
Y aquí la dificultad: el reconciliar la existencia del individuo frente a la infinitud del tiempo mismo sin el punto de referencia de la construcción social que es esa regla según la cual no nos conformamos cuando no nos conformamos. Sería absurdo, claro está, imaginar al individuo frente al infinito sin más, en un vacío sin otros seres u otras cosas con las que interactuar, pues gran parte de la vida es interacción. Pero la identificación de esa regla como algo distinto a nuestro ser produce ese desfase, esa angustia. Nos vemos frente a lo eterno sin nada a lo que aferrarnos. No volvemos la mirada al mundo y su regla traidora sobre mi lugar en él, ¡mi lugar en el tiempo! ¿Pues quién es el mundo para decidir dónde pertenezco? ¿Qué hay en la sociedad que pueda elegir cómo progreso con mi propia vida? ¿No es mi vida?
Sí, es mi vida. Sí, es absurdo mirarle directamente al infinito. Pero a lo mejor la respuesta está en aceptar esa absurdidad no tal y como es, sino como algo mutuo. Al fin y al cabo, ¿no le parecerá absurdo al infinito el verme a mí, sin más, viviendo mi vida?




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